Se fue

Dio media vuelta y se marchó.

Partió con la mente llena de recuerdos. Momentos preciosos. Tanto como las cuatro paredes de la habitación que la vieron crecer. Y con la triste certeza de que al igual que los recuerdos que guardan esas hermosas paredes, ahora, los momentos preciosos serán también únicamente eso, recuerdos.

La languidez de su rostro y los brazos caídos al caminar mostraban su debilidad y el rechinar de los dientes era reflejo del nerviosismo.

Debilidad porque tus dudas se quedaron la fuerza y la firmeza de sus poderosas miradas. Esas que transmitían la fortaleza de una gran ciudad fortificada. Esas miradas que demostraban que por muy numeroso y poderoso que fuese el ejército de los problemas jamás lograrían derribar la muralla.

Nerviosismo porque había entregado toda su paz en los abrazos. En esos momentos llenos de ternura, aderezados con la comprensión que pedía a gritos la tristeza que emanaba de tus ojos en los malos momentos.

Siguió alejándose triste. Porque la ilusión de quien comienza algo nuevo repleto de ganas se había perdido en el sinuoso camino de tu incomprensión.

Se fue convirtiendo los momentos en recuerdos. Se fue débil, nerviosa, triste…pero sobre todo cansada.

Cansada de no recibir nada a cambio.

 

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